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Fobia Social

Según el Manual de Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales  (DSM-IV)  realizado por la Asociación Americana de Psiquiatría (1994), la fobia social es un trastorno que se caracteriza por un estado de ansiedad acusado y duradero ante situaciones sociales en la que la persona se expone a la observación de los demás y teme hacer algo censurable o incorrecto. Aunque la persona reconoce que su temor es excesivo  e irracional, procura evitar tales situaciones sociales  y si no puede hacerlo  le ocasiona ansiedad anticipatoria y malestar general que interfiere su vida cotidiana.

La fobia social suele ser generalizada, aunque en un  30 – 40 %   de los casos es específica a situaciones concretas (hablar en público, asistir a fiestas, acudir a una cita, etc.).

Desde la perspectiva psicológica el trastorno produce autoevaluación negativa, temor exagerado a la crítica, miedo a hacer el ridículo y a no ser aceptado.  La persona con fobia social tiene ansiedad porque ve amenazada su autoestima e integridad psicosocial.

Desde la perspectiva fisiológica sufre sudoración, taquicardia y rubor facial, entre otros síntomas.

Los efectos del trastorno son conductas de pasividad, silencio, evitación y escape.

La forma de comienzo de la fobia social es progresiva, situándose entre los 15 y los 20 años de edad, afectando de forma similar a mujeres y hombres. Suele presentarse en jóvenes tímidos y con aislamiento social en la adolescencia. Se calcula que afecta aproximadamente al 3 % de la población general.

El desarrollo de la fobia social es el resultado de la interacción entre cierta vulnerabilidad del individuo y factores ambientales. La vulnerabilidad parte de una personalidad tímida e introvertida que se acompaña de una percepción errónea de la realidad propia, que es infravalorada y perfeccionista, lo que origina una disminución de la autoestima y temor a enfrentarse a las situaciones sociales por la percepción de falta de recursos propios. Esta vulnerabilidad suele acompañarse de ambientes familiares sobreprotectores y con escaso apoyo emocional. La sobreprotección impide la autonomía y origina conductas de inhibición, mientras que el escaso apoyo emocional de los padres determina inseguridad y baja autoestima.

La terapia de la fobia social ha experimentado grandes cambios en los últimos años. Mientras que en la década de los setenta del siglo XX se empleaban técnicas de desensibilización sistemática y entrenamiento en habilidades sociales, en la década siguiente se apostó por la exposición en vivo de modo similar a otras fobias (fobias a las arañas, agorafobia, etc.). A partir de la década de los noventa el tratamiento de elección es la asociación de diversas técnicas psicológicas conductuales y cognitivas.

Hoy en día, se realiza una exposición en vivo a los acontecimientos sociales temidos por el sujeto con el fin de impedir la conducta de evitación y estimular la conducta de afrontamiento. Las limitaciones en la conducta exigen la complementación de técnicas cognitivas como la TRE (Terapia Racional Emotiva de Ellis) y la Terapia Cognitiva de Beck que suprimen pensamientos y expectativas irracionales que interfieren la conducta. No obstante, los cambios cognitivos son siempre más lentos que los cambios conductuales. Junto a la terapia cognitivo-conductual es preciso dotar al sujeto de los recursos necesarios para afrontar las situaciones sociales que le incomodan. Esto puede conseguirse mediante el empleo de materiales de autoayuda y técnicas de entrenamiento en habilidades sociales.



Dr. Luís Carlos Jiménez Nieto - Médico Psicólogo
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