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¿Es rentable hacer ejercicio para adelgazar?

Para entender el efecto del ejercicio físico en el peso corporal hemos de partir del principio básico de la termodinámica: “la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. El equilibrio de nuestro organismo depende, en un lado de la balanza, del aporte energético y, en el otro, del gasto energético total. A su vez, ese gasto energético total es la suma de:

Metabolismo basal + termogénesis de los alimentos + gasto por actividad física.

En este artículo vamos a referirnos a este tercer componente, que es, de los tres, el que en mayor medida podemos modificar.



Indudablemente, la actividad física supone un consumo energético durante su realización y, aunque aparentemente las personas obesas suelen tener menos movilidad que las delgadas, hay que valorar que un mismo ejercicio supone más gasto energético para la personas con más peso al tener que movilizar más masa corporal. Por ejemplo, las kilocalorías consumidas durante 10 minutos de jugar al fútbol por una persona de 55 Kg. suponen 68 Kcal., mientras que para una persona de 80 Kg. suponen 97 Kcal. y para una persona de 115 Kg. suponen 139 Kcal. Además, el gasto energético inducido por el propio ejercicio presenta una enorme variabilidad según los sujetos, en función de factores genéticos, edad, sexo, grado de entrenamiento previo, etc.

El ejercicio físico, por sí sólo y sin un programa dietético acompañante, tiene un escaso efecto en la pérdida de peso, pero lo que sí supone es una modificación de los compartimentos corporales al producirse una moderada pérdida de masa grasa y un aumento de masa magra. Si recordamos que el adelgazamiento es la disminución de la grasa corporal, podemos afirmar que el ejercicio sí que adelgaza, de una forma ligera, aunque no se baje peso. Además, resulta muy beneficioso que aumente la masa magra ya que esto supone una elevación del metabolismo basal y permite un mejor mantenimiento del peso perdido y una menor recuperación del mismo que la terapia sólo con dieta.



El aumento de la actividad física aporta otros beneficios, en especial para la persona obesa o con sobrepeso, como son:

• Disminución de la morbimortalidad por todas las causas.
• Aumento de la esperanza de vida.
• Mejoría de la masa ósea y, por tanto, de la osteoporosis.
• Aumento de la sensibilidad a la insulina y la tolerancia a la glucosa.
• Mejoría de los parámetros inmunitarios.
• Aumento de la capacidad cardiopulmonar.
• Mejoría de la función osteoarticular.
• Mejoría de la tensión arterial.
• Mejoría del perfil lipídico (colesterol y triglicéridos).
• Estímulo de la autoestima y aumento de la sensación de bienestar.

Sabemos que en muchas ocasiones no hay tiempo ni ganas para hacer ejercicio, pero es necesario entender que es una parte más del tratamiento, y que una dieta bien realizada acompañada de una adecuada actividad física tendrá mejores resultados que el hacer sólo dieta o sólo ejercicio. Lo primero que hay que hacer es recomendar un aumento del gasto energético en las actividades cotidianas como son no utilizar el autobús cuando no tenemos prisa, no subir en ascensor cuando son pocos pisos, no utilizar las escaleras mecánicas, etc. Después tendremos que planificar el ejercicio físico individualizando cada caso clínico: habrá personas a las que les guste practicar algún deporte, del que se valorará su adecuación y el ritmo de práctica. A otras les encantará pasear y se planificará con ellas ritmo y tiempo adecuados. Y habrá personas a las que no les guste hacer nada, pues también para ellas podemos diseñar una serie de sencillas tablas de gimnasia que les permitirán aumentar su actividad física con un pequeño esfuerzo cada día.

Quisiera concluir dando unos consejos a tener en cuenta cuando realicemos cualquier tipo de ejercicio:
• No lo realice ante síntomas como cansancio general, dolor de cabeza, fiebre, dolor lumbar o malestar general. Suspéndalo si aparecen alguno de estos síntomas: dolor torácico, palpitaciones o arritmias, sudoración fría, mareos.

• Realice ejercicios de estiramiento muscular antes y al finalizar la sesión.
• Realícelo en un ambiente agradable.
• No ingiera grandes cantidades de alimentos, no consuma alcohol, ni fume por lo menos dos horas antes.
• Ingiera pequeñas cantidades de agua antes, durante y al finalizar el ejercicio.
• Utilice ropa cómoda de algodón y evite el nailon para disminuir la sudoración.
• Evite realizarlo a temperaturas demasiado bajas o demasiado altas.



Dr. J.P. Fernández Corbelle (Doctor en Medicina y Cirugía) Director CENTRO MÉDICO PREVENSALUD: CENTRAL-Moncloa: Tlf.: 91.5.94.42.25 C/ Donoso Cortés, 47 M-ESTE-Moratalaz: Tlf.: 91.4.37.32.15 C/ Arroyo Media Legua, 68, 1ºA e-mail: prevensalud@prevensalud.net web: www.prevensalud.net
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